Cassoulet de Castelnaudary — alubias lingot, confit de pato, salchicha de Toulouse y cerdo
Cassoulet de Castelnaudary no es simplemente un guiso genérico de alubias blancas. Su identidad local descansa en las alubias lingot, el cerdo, la salchicha tipo Toulouse, el confit de pato o de oca, la corteza y el caldo, tradicionalmente reunidos en una cassole profunda de barro. El plato necesita tiempo porque las alubias se ponen en remojo, se prepara un caldo, las carnes se doran y el conjunto se hornea lentamente. Ese calendario largo forma parte de la técnica y no es un tiempo de espera que deba ocultarse en el total.
Las alubias deben estar cremosas por dentro antes del montaje, pero conservar la piel. La corteza de cerdo aporta gelatina al caldo y también reviste el fondo de la cassole, mientras que el cerdo y la salchicha dorados dan profundidad tostada. El confit se manipula con más delicadeza para que siga reconociéndose en piezas. El caldo caliente debe llegar justo hasta las alubias: se busca una matriz húmeda que espese en el horno, no una sopa. Conviene reservar parte del caldo para corregir las zonas que puedan secarse durante la larga cocción.
En la superficie se formará una corteza marrón y puede presionarse hacia abajo cuando se vuelva firme. La conocida historia de romper esa corteza siete veces pertenece a la tradición y no constituye una exigencia técnica exacta para cada cocina doméstica. El cassoulet está terminado cuando las alubias están cremosas, la superficie muy dorada, el hervor alrededor de los bordes es constante y el centro alcanza 74 °C. Como se trata de un plato denso, las sobras deben dividirse con rapidez para enfriarlas y recalentarse por completo.


