Sobre Tajarin al tartufo
Los tajarin son una de las pastas frescas más reconocibles de Piamonte: hebras finas y estrechas elaboradas con una masa especialmente rica en yemas. Esa riqueza no pretende producir un plato pesado. La pasta se estira muy fina, se corta estrecha y se cuece solo el tiempo necesario para perder el gusto a harina cruda conservando una mordida limpia y elástica.
Las Langhe y Alba están estrechamente asociadas a la trufa, y los tajarin ofrecen una base deliberadamente discreta. La mantequilla recubre la pasta sin tomate, ajo ni hierbas intensas que compitan con la trufa. Esta versión utiliza trufa negra fresca; en temporada puede emplearse trufa blanca de Alba, igualmente añadida al final.
La alta proporción de yema hace que la masa resulte firme al principio. Necesita un amasado sostenido y un reposo cubierta antes de estirarla; añadir agua la ablandaría, pero también diluiría el color característico y la textura fina. La lámina final debe quedar de unos 1 mm antes de cortarla en tiras de 2–3 mm.
Los tajarin frescos se cuecen muy deprisa. Una olla grande y un hervor suave pero activo ayudan a que las hebras delicadas no se apelmacen. La mantequilla se funde aparte con una pequeña cantidad de agua de cocción para que la pasta quede envuelta en una película brillante, no asentada sobre grasa libre.
La trufa se incorpora al final. Una cocción prolongada elimina buena parte de su aroma, por lo que se lamina sobre la pasta una vez retirada la sartén del calor fuerte. Antes de añadir cualquier otro condimento, el plato debe desprender con claridad el perfume de la trufa.
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