Piroške sa sirom — masa frita serbia rellena de queso en salmuera
En estas piroške sa sirom el rasgo principal no es solo el relleno, sino la relación entre una masa blanda y una forma alargada que debe mantenerse cerrada durante la fritura. El queso queda encerrado en un cilindro de masa levada; por eso el grosor, la humedad del relleno y el sellado de la unión importan tanto como el tiempo en el aceite.
La harina se trabaja con leche, yogur y una pequeña cantidad de aceite. Conviene resistir la tentación de endurecer la masa con harina extra: una masa algo pegajosa al principio desarrolla una miga más ligera una vez amasada y fermentada. El primer levado de 45 minutos crea el volumen principal; después del formado, otros 15 minutos permiten recuperar aire sin deformar las piezas.
El queso blanco en salmuera debe ser firme y estar hecho con leche pasteurizada. Si llega demasiado húmedo al borde, la unión se vuelve difícil de cerrar y puede abrirse en el aceite. Dejar una franja limpia de masa y presionar toda la costura evita que el relleno encuentre una salida mientras el queso se ablanda.
La fritura funciona mejor por tandas pequeñas. El aceite se lleva a 175 °C y se deja recuperar esa temperatura entre cargas. Una corteza dorada informa sobre el exterior, pero no basta para saber si el centro está listo: la primera piroška debe abrirse en la zona más gruesa y mostrar una miga seca, sin una banda de masa cruda junto al relleno.
Recién hechas presentan una capa exterior ligeramente crujiente, una miga tierna y un centro salado y blando. Son más agradables poco después de freírlas; al enfriarse y guardarse, la humedad de la masa y el queso va suavizando inevitablemente la corteza.