Plato admirado de la cocina andorrana, los Cargols a la Llauna, demuestran un gran respeto por la sencillez y la esencia de los sabores rústicos. Servido a menudo como aperitivo principal o en eventos festivos, este plato tradicional se compone de delicados caracoles asados en sus conchas y mezclados con hierbas aromáticas, ajo, aceite de oliva y, ocasionalmente, un toque picante. Aunque el proceso de preparación es sencillo, el resultado muestra una interacción armoniosa de sabores y texturas que captura el legado gastronómico de Andorra. Su nombre, "caracoles en bandeja", enfatiza sus orígenes modestos y la necesidad de ingredientes de primera calidad.
Tanto si eres un experto en caracoles como si es tu primera vez probando esta exquisitez, Cargols a la Llauna es una creación gastronómica que encarna a la perfección el auténtico Pirineo en tu plato. Investigaremos la fórmula.
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porciones15
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kcalEn los altos Pirineos, donde los vientos traen aromas de tomillo silvestre y piedra, los Cargols a la Llauna perduran, no como una moda, sino como un ritual. Es Andorra en bandeja, tanto literal como metafóricamente, su nombre se traduce claramente como "caracoles en bandeja". Sin embargo, nada en este plato resulta simple. Asados en sus propias conchas, los caracoles se precocinan primero, se les limpia su paso por la tierra y luego se disponen en formación apretada como peregrinos que regresan a casa. Lo que sigue es una procesión de aromas: ajo picado machacado con la palma de la mano, tomillo y orégano secos que susurran a cornisas montañosas, pimentón ahumado que deja un toque de humo de leña, aceite de oliva que se cuela lentamente en las espirales. Sal, pimienta y, si se desea, vinagre de vino blanco, cortan la grasa con un borde afilado. La bandeja se desliza en un horno a 200 °C, y el tiempo se hace cargo. Se asan durante 20, quizá 25 minutos, volteados suavemente para asegurar una cocción justa. Al terminar, los gajos de limón brillan a su lado, un contrapunto de brillo. Es un plato creado no para el espectáculo, sino para la intimidad; pensado para las manos, para el silencio roto por la risa, para los momentos en que la comida nos devuelve a algo más antiguo que el apetito.
1 kg (2,2 libras) de caracoles frescos o enlatados (limpios, si son frescos)
4 dientes de ajo picados
1 cucharadita de tomillo seco
1 cucharadita de orégano seco
1/2 cucharadita de pimentón ahumado
3 cucharadas de aceite de oliva
Sal y pimienta negra al gusto.
1 cucharada de vinagre de vino blanco (opcional)
Rodajas de limón para servir