El Čobanac es un elemento fundamental de la gastronomía del este de Croacia, especialmente en Eslavonia y Baranja, donde los campos, los bosques y los ríos dan forma a lo que termina en la olla. Tradicionalmente, este guiso se cocinaba a fuego lento durante horas en un gran caldero de cobre colgado sobre una hoguera, alimentando a pastores y trabajadores agrícolas tras una larga jornada al aire libre. El plato debía ser sustancioso, concentrado y generoso, con suficiente carne y grasa para recuperar fuerzas en un solo plato. Los cocineros modernos quizá se sienten frente a una hornilla de gas en lugar de una fogata, pero la esencia del guiso sigue siendo la misma: ingredientes sencillos, calor moderado y mucho pimentón.
Las crónicas regionales describen el čobanac como una mezcla de varias carnes, con base de res y cerdo, y ternera, cordero o caza silvestre, como el venado, siempre que está disponible. La carne se cocina sobre una cama de cebolla, a menudo en cantidades que sorprenden a quien la prepara por primera vez; la cebolla se derrite lentamente hasta formar una base dulce y sedosa. El pimentón molido, dulce y picante, le da al guiso su intenso color rojo ladrillo y un ligero ardor en la garganta, evocando claros vínculos con el gulash húngaro, sin perder la esencia croata en cuanto a sazón y equilibrio.
Las versiones tradicionales se basan en manteca de cerdo para darle mayor riqueza y sabor. La carne se dora en la grasa, luego se añade la cebolla, que recoge todos los trocitos caramelizados del fondo de la olla. El vino suele añadirse después, lo que le da brillo y ayuda a que la salsa se reduzca a una consistencia brillante que cubra con una cuchara. Algunos cocineros añaden manitas de cerdo o rabo de buey para añadir gelatina, que espesa el caldo sin harina y deja una agradable sensación pegajosa en los labios una vez vacío el recipiente.
Esta versión se mantiene fiel a la tradición, a la vez que práctica para la cocina casera. Utiliza tres carnes: espaldilla de res, paletilla de cerdo y cordero o caza, si hay, cortadas en trozos pequeños y uniformes para que se cocinen al mismo tiempo. Cebolla, pimientos, ajo, pimentón y un toque de pasta de tomate enriquecen el sabor en capas, mientras que un chorrito moderado de vino blanco seco le da cuerpo. El guiso se cuece a fuego lento durante un par de horas hasta que la carne se ablande y la salsa espese de forma natural. Una pequeña cantidad de pimentón picante o hojuelas de chile regula el picante; el nivel se puede adaptar al gusto de cada mesa, desde un toque suave hasta un auténtico toque eslavo.
Desde un punto de vista nutricional, el čobanac aporta abundantes proteínas y grasas saciantes, con un contenido moderado de carbohidratos si se sirve solo o con una pequeña porción de pan o polenta. Se adapta bien a la cocina de clima frío, pero también funciona en cualquier época del año cuando un grupo grande se reúne alrededor de una olla compartida. El guiso se conserva y recalienta muy bien, lo que lo hace ideal para fiestas, celebraciones en pueblos o simplemente para cocinar en grandes cantidades.
Lo que distingue a esta receta reside en algunos detalles de cocina: dorar la carne con cuidado por tandas, cocinar las cebollas a fuego lento hasta que estén bien tiernas y doradas, remojar brevemente el pimentón en grasa antes de añadir el líquido y dejar reposar el guiso antes de servir para que los sabores se asienten. Ninguno de estos pasos resulta complicado, pero juntos ofrecen una profundidad que recuerda a la cocina de taberna de Eslavonia, incluso en la cocina de un pequeño apartamento lejos de los ríos Drava y Sava.